Con el anuncio por parte de la administración de la suspensión de la unión de cabeceras del examen de TCAE, el enfado y crispación de quienes han opositado va en aumento.
Tras la realización el pasado domingo 5 de julio de la primera de las pruebas selectivas para el cuerpo de Técnicos Auxiliares de Enfermería de la CARM para acceder al IMAS, nos trasladan su enfado y frustración, lo que más nos comentan es la indignación ante un examen rebuscado, que apenas contenía preguntas sobre el trabajo real que realizan en los centros, estas deberían versar sobre discapacidad y geriatría principalmente.
El ejercicio realizado se ha convertido en una auténtica «lotería», con preguntas tan rebuscadas como el compuesto de una droga clandestina, a partir de ahora muy conocida por las y los aspirantes.
Cuando un examen no busca medir la competencia profesional, sino provocar el fallo y la eliminación, está castigando el esfuerzo y desmotivando a un colectivo cuyo principal valor es la vocación.
Ahora solo les queda el pataleo e intentar reclamar ante el tribunal.
Cabría cuestionarse si es sensato mantener unos temarios tan abiertos, la responsabilidad primera es de quienes deben garantizar que los exámenes sean acordes y proporcionados a los puestos y al trabajo que deberán desempeñar o al que ya realiza el personal interino del IMAS. Esta responsabilidad deberá recaer en la Administración ya que es ella la que establece las reglas, y si estamos observando que en los exámenes que se están realizando en las últimas fechas se obtienen unos resultados con tan pocos aprobados, deberían preguntarse que está fallando ya que no puede atribuirse a quienes opositan que lo único que les crea es indefensión. Eso sí, la recaudación de los miles de euros de las tasas de las distintas oposiciones deben estar llenando las arcas públicas.
Quienes opositan no piden un aprobado regalado, sino exámenes acordes al puesto, respeto a su tiempo, a su dinero y a su vocación.



