Asun

Asun Hernández, mujer en el tiempo

La compañera Asun, se nos ha ido “un poco” hace unos días, víctima de una cruel enfermedad que llega sin avisar y nos puede costar la vida. Sigue “un mucho” en nuestros recuerdos y en nuestros corazones.

Mujer pionera y emprendedora, puso en 2004, desde La Intersindical, en marcha un Servicio de Atención a presuntas víctimas de maltrato psicológico en el trabajo, eso que llamamos, desde la lejanía y el poco conocimiento, “acoso” o “mobbing”. Asun aprendió en propia carne y ayudando a l@s demás a hilar muy fino en este terreno, durante muchos años. De ahí ha conseguido algunos resultados en un terreno muy difícil y adverso, y buenas amigas (también el acoso lo sufren en mucha medida las mujeres).

Dijo alguien que el espíritu revolucionario consiste en atreverse a pensar, atreverse a actuar y atreverse a abrir nuevas vías. Asun tenía ese espíritu, que no puede materializarse sin unos gramos de “locura” y de desbordante alegría, de tenacidad, de persistencia y de tozudez. Un espíritu, por momentos disruptivo, del orden y la ley, que chocaban con su rebeldía vital. Una actitud cotidiana, intuitivamente algo iconoclasta y cuestionadora de la autoridad que no fuera moral.

Asun tenía también ese “azogue” que ahora llaman hiperactividad, que le permitía quizás, vivir varías vidas, en una oferta cotidiana de 3×1. Una vida en Lorca, otra en Cuenca, otra en Vera.

Una personal, otra profesional, otra de trabajo voluntario en lo sindical, lo sociopolítico , lo solidario. Vaya, casi me salen más de 7, según se cuente.

Bien podría ser una de esas mujeres en el tiempo, que se registra en el Calendario que saca la Organización de Mujeres de la Confederación Intersindical, bien por el sumatorio de sus aportes al Plan de Igualdad de la CARM, por otros aportes en temas de Seguridad y Salud en los Comités y en Boletines Sindicales, bien por convertirse en hombro amigo que sirve para llorar las penas de mujeres acosadas o de mujeres refugiadas y escondidas en Lorca huyendo de la violencia de género. Bien por su amor y devoción hacia su sobrina adoptiva, o hacia su última pareja, Donato.

Esas son las cosas que nos quedan “un mucho” en el recuerdo y en el corazón cuando se va una compañera, una amiga, una rebelde con causa.

Parafraseando a su “primo”, Miguel Hernández, el poeta de Orihuela, que cumpliría 100 años hace poco, parece que escuchamos su voz: “Adiós herman@s, camaradas, amig@s.

Despedidme del sol y de los trigos”.



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