Justicia Patriarcal

Violencias machistas y justicia patriarcal

Hay motivos muy poderosos por los que debemos hacer la huelga del 8M. Retomando las palabras de la profesora de Ciencia política y directora de la Unidad de Igualdad de la Universidad Pompeu Fabra, Tania Vergé, esta huelga supone “una enmienda a la totalidad hacia una forma de organización social, económica, política que aplica contra las mujeres una injusticia distributiva y una injusticia de reconocimiento”. Así pues, podemos afirmar que el capitalismo produce formas específicas de desigualdad para las mujeres (precariedad laboral, división del trabajo, segregación vertical y horizontal del mercado laboral o la brecha salarial, etc.).

Desde los albores de los tiempos, hemos vivido bajo un sistema patriarcal que lo ha acaparado y controlado todo. Esto implica que el sistema judicial se asiente sobre un régimen patriarcal cuya razón de ser es la construcción social de género, la cual impregna todo de jerarquías de estatus y de poder.

Como hemos podido constatar en las últimas sentencias que han dejado en libertad a los componentes de la manada, u otros casos de agresiones grupales que hemos conocido recientemente en Alicante, Gran Canaria, Málaga…, la justicia en España no actúa con la imparcialidad y objetividad que con la que debiera. Y es que, la violación es una práctica cultural que se produce no sólo en España, si no en el todo el mundo. La cultura de la violación como tal se empezó a conocer a raíz de los movimientos feministas estadounidenses de los años 60. Fueron ellas las que hicieron visible cómo la violencia hacia las mujeres sucedía dentro de sus propias casas, y además visibilizaron lo que era el abuso sexual y la violación de las amas de casa, las que debían atender a la familia, ese gran proyecto de los monoteísmos, y del capitalismo.

Dicha práctica se atribuye en gran parte a la socialización en la que han sido educados los hombres, de tal forma que éstos pueden llegar a suponer que deben tener el control de todos los espacios y los cuerpos, pasando así gran parte de sus vidas controlando cuerpos y violando sus espacios. Y es que, el reconocimiento social y cultural existente entre hombres que abusan de mujeres para “enseñarles” que la única sexualidad buena es la heterosexual, se convierte en algo que los une de manera inconfundible dentro de la fratría. En este caso, lo que les importa es la complicidad y el reconocimiento entre los miembros de un mismo grupo que desarrollan un ritual de abuso que en muchos casos es pornificado en forma de video.

Según la web geoviolenciasexual.com los casos de agresiones sexuales múltiples han aumentado respecto al 2016, llegando a contabilizar desde ese año hasta la actualidad 89 casos. Y es que, los delitos siguen aumentando de manera alarmante mientras desde la Asociación de Mujeres Juezas de España se denuncia la falta de medios y se reclama más formación con enfoque de género en el ámbito jurídico. Todo ello para afrontar una justicia patriarcal a la que estamos sometidas, porque se sigue sin ver que el hombre ocupa el espacio público y el privado en situación de privilegio. Porque nosotras tenemos que conseguir lo que ellos tienen solo por nacer con sexo masculino: la voz, la credibilidad, el poder para ocupar el espacio, para ser la representación de la universalidad.

La Justicia es patriarcal porque se sigue esperando de nosotras y de ellos comportamientos estereotipados y se sanciona a quienes los rompen y excusa a quienes los siguen.

En los delitos contra las mujeres suele ser la víctima la que sufre un juicio paralelo inaudito en delitos con víctimas masculinas. ¿Provocó el delito? ¿Cómo iba vestida? ¿Hizo algo para provocar al maltratador? ¿Y por qué seguía viviendo con él? ¿Por qué no huyó? .Y esa losa añadida contra la credibilidad de las mujeres: la permanente sospecha de las denuncias falsas.

La Justicia Patriarcal es la que no tiene en cuenta que mujeres y hombres estamos en el mundo en posiciones diferentes y todo, por lo tanto, nos afecta de manera desigual. Y aplicarnos la ley por igual sólo genera inseguridad, dolor, frustración e ineficacia.

La discrecionalidad judicial, que existe para que la justicia pueda ser real y efectiva, para que sea lo suficientemente flexible para dar respuesta a casos concretos no puede depender de la objetividad, o de la neutralidad. Hoy por hoy, «Objetividad es el nombre que se da en la sociedad patriarcal a la subjetividad masculina», como dice Adrienne Rich.

Resulta evidente que son hombres machistas (o mayoritariamente hombres) quienes deciden qué es legal, o no, y cómo y por cuánto tiempo castigarlo (o no). Son en su mayoría mujeres y hombres educados en el machismo quienes decidirán si algo se va a castigar o no y por cuánto tiempo. Y serán ellos mayoritariamente (y más cuanto más alta sea la jerarquía judicial) quienes verán recursos contra las sentencias. También quienes decidirán en qué momento pueden obtener grados variables de libertad tras una condena. ¿Cómo no va a importar la visión del mundo de quienes aplican la ley si la imponen a lo largo de todo su recorrido?

Ni la justicia es ciega ni todos somos iguales ante la ley. Por eso debemos perder el miedo a la denuncia y tomar conciencia de que todo es mejorable legislativa y judicialmente.

Ya que, como hemos demostrado, la legalidad se considera más una cuestión de poder que de justicia, los motivos para alzar nuestra protesta haciendo la huelga del 8M están más que justificados.

 

 

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