Asunción

Asunción Hernández, mi querida compañera

Asunción Hernández, mi querida compañera

Donato Fernández

 

Asun, como yo siempre la he llamado, ha sido mi compañera en los últimos años de su vida. Pero no os hablaré de su enfermedad, que ha sido muy dura, ni de los dos recientes incendios de su vivienda que seguramente han acelerado su muerte; ni tampoco lo haré de su valía profesional, que la tenía bien acreditada. Sólo deseo hacerlo de esa Asun jovial, ocurrente, divertida e imprevisible con la que nunca te aburrías. En cualquier momento podía decirme: ¡Oye!, ¿tú me quieres? Cuando te canses de mí, dímelo, lo entenderé perfectamente. ¿Cómo deseas que te lo comunique: personalmente, por teléfono o por correo? Anda tonto, ¡cara a cara!, por supuesto.

A los que la conocisteis no os descubro ningún secreto si digo que Asun era una persona íntegra en todas sus dimensiones, una mujer increíble: inteligente, alegre, culta, austera, desprendida de todo lo material y generosa sin límites. Era todo eso y mucho más. De carácter muy tímido con los desconocidos pero muy abierta y espontánea con las personas de su confianza.

En una ocasión, al poco de conocernos, me preguntó: ¿Nosotros qué somos? Pues no lo sé, Asun. ¡Ah, entonces somos novios! Yo creo -le dije- que habría que buscar otra denominación, esa no me parece muy adecuada para nuestra edad y, además, está anticuada. ¡Pues venga, búscala tú!, me encargó. Hace unos meses, ya muy enferma, retomó de nuevo el tema y me recordó que si ya había encontrado un nombre apropiado para nuestra relación. Sí, respondí: podemos llamarnos socios. ¡Qué bonito!, ¡cómo me gusta!, contestó. El problema, añadí, es que no compartimos una sociedad con un patrimonio material ni con domicilio social y, para cuatro cosas que nos hemos regalado y sin demasiado valor, creo que no merece la pena constituirla. Pues llevas razón: dejamos de ser socios. Tranquila Asun, podemos continuar siéndolo. He pensado que, para resolver esta espinosa cuestión que como bien sabes me viene quitando el sueño, podríamos constituir, al cincuenta por ciento, una sociedad inmaterial cuyo patrimonio sería nuestras vivencias desde que nos conocemos. ¿Y donde la inscribiremos? En la nube, Asun. Eso, eso, prosiguió: la colgamos en Dropbox y así la podemos consultar en cualquier lugar.

Asun tenía grandes y profundos conocimientos de muchas áreas del saber. Lo mismo  podía hablar –y con mucha propiedad- de la Biblia, que la conocía muy bien, que de cine, de novela negra o de Historia del Arte.

Antes de que se declarase su enfermedad, hicimos un viaje a las ciudades imperiales del centro de Europa. Al llegar a Viena y visitar sus monumentos, me explicaba: este palacio lo construyó María Teresa, también conocida como Sisi, la reina del imperio austro-húngaro de mediados del siglo XVIII. Su estilo es…, fíjate en esa columna, verás que su forma es…, lo que le permite aguantar más peso. Y lo mismo sucedía con muchos de los que visitamos en Praga, Bratislava y Budapest, que también había construido la tal Sisi. Esta María Teresa –le decía- se pasó todo su reinado haciendo obras, que tal vez ni siquiera visitara. Sí, era la pocera del Imperio (rememorando al pocero de Seseña); además tuvo tiempo de parir dieciséis hijos y hacer frente a varias guerras. Ya sabes, los reyes suelen ser déspotas con su pueblo, pero, para perpetuar su memoria, les da por construir monumentos grandiosos. Por eso yo soy republicana y tú también deberías serlo, que te veo muy complaciente con la monarquía. En fin, en nuestros viajes hemos visitado todas las catedrales e iglesias que encontrábamos porque, insistía, ahí se condensa la historia del lugar. Y si nos saltamos alguna de interés, era por mi culpa y no reparaba en recordármelo cuando surgía la ocasión.

Como funcionaria que era, con categoría de técnico superior de empleo, impartía continuamente cursos tanto por cuenta del Servicio Regional de Empleo y Formación de Murcia como de su querido e intocable sindicato, el STERM-Intersindical. Lo hacía sobre temas varios, pero quiero recordar, aunque de esto no estoy muy seguro, que eran mayormente sobre sensibilización en la igualdad de oportunidades, feminismo y género (era muy precisa en el uso de la terminología, sin caer nunca en la chabacanería de algunos políticos), conciliación entre tiempo de trabajo y de vida personal, etc. Y me consta que lo hacía muy bien porque se los preparaba a conciencia y, como periodista que era, comunicaba excelentemente.

La semana próxima comienzo a impartir un curso sobre… y tengo que preparar el Manual. Pero Asun, ¿cómo vas a escribir un manual en una semana? Te puedo asegurar que un manual es una cosa muy seria que generalmente se escribe cuando se tiene la suficiente madurez intelectual y mucha experiencia docente e investigadora. La práctica totalidad de los profesores de Enseñanza Media o incluso de Universidad, se jubilan sin haber escrito ninguno sobre la materia que han impartido. En todo caso, lo que prepararás serán materiales apropiados, por supuesto de autoría ajena, para impartir ese curso. Pues sí, es verdad, eso mismo hago, pero yo le llamo Manual.

Con todo, lo que más me divertía era debatir con ella sobre cuestiones de política, de la Unión Europea (que dejara de usar Comunidad Económica Europea), de corrupción, de la llegada del AVE a Murcia y tantos otros. Y lo hacíamos con mucha frecuencia. En la mayoría de estas cuestiones era muy tozuda, utilizando argumentos contundentes en ocasiones difíciles de combatir. Se afilió a Podemos y formó parte del Consejo Ciudadano de Lorca.

En las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, me preguntó: ¿a qué partido piensas a votar?, ¿o no lo vas a hacer? Asun, yo siempre suelo ejercer mi derecho y en éstas también lo haré, pero te aseguro que no votaré a Podemos. Con la edad te estás volviendo cada vez más de derechas, me repetía en muchas ocasiones. ¿Sabes?, mis amistades creen, erróneamente, que eres tú quien me ha llevado a Podemos por eso de tu supuesto progresismo y porque estuviste en la asamblea de Sol el día de la primera manifestación. Bien sabes, porque te lo he explicado muchas veces, que fue por puro azar: me encontré con la manifestación casi llegando a Gran Vía y, tras su disolución, me acerqué por Sol y me quedé en esa primera asamblea.

A ver, explícame por qué no votarás a Podemos, ¿qué razones tienes? Sin negar mi simpatía con algunas de las propuestas del programa, sobre las más importantes discrepo profundamente. Te daré solo tres: En primer lugar, la de auditar la deuda pública y privada para determinar que parte de la misma es ilegítima y declarar su impago. ¿Tú sabes lo que esto significaría? A España nadie le prestaría y su quiebra estaría garantizada. Hay que tomar medidas contra todo tipo de especulación, pero nunca dejar de cumplir los compromisos adquiridos. En segundo lugar, el excesivo dirigismo público de la actividad económica y social (en este caso, con referéndum vinculantes para casi todo), incluso llegando a la nacionalización de sectores estratégicos de la economía tales como las telecomunicaciones, la energía, la alimentación, el transporte y otros; me recuerda mucho a la planificación centralizada de la URSS que acabó en un auténtico desastre y en su desmembración. Y en tercer lugar, el reconocimiento del derecho a decidir sobre su futuro de los pueblos de Europa. La Unión Europea es ya un mosaico de Estados, varios de ellos más pequeños que la Región de Murcia; con tal reconocimiento, la liquidaríamos rápidamente y volveríamos a los conflictos del pasado. ¿Recuerdas que en el siglo XX hubo dos guerras mundiales? Tras la SGM, la Unión nació como un proyecto de paz y tenemos que luchar porque nunca deje de serlo.

Dos años después, en 2016, se convocaron las elecciones generales españolas y de nuevo vuelve a preguntarme ¿esta vez votarás a Podemos o continuarás haciéndolo por alguno de esos partidos fachas? No, no, a Podemos seguro que no; pero ten por seguro que votaré aunque aún no he decido a qué partido o si lo haré en blanco o nulo. ¿Y por qué no nos votarás? Tengo que reconocerte que este programa es mucho más realista que el de las europeas, le contesté. Se nota que habéis aprendido bastante pero todavía debéis seguir estudiando historia y economía. Comparto la mayoría de vuestras propuestas pero estoy en total desacuerdo en dos cuestiones: la primera, el silencio calculado que mantenéis frente a los conciertos económicos de El País Vasco y de Navarra, con los que, al parecer, estáis de acuerdo en su continuidad. ¿No pretendéis alcanzar el cielo pregonando la igualdad económica y social en todos sus extremos? Mi segunda razón es de mayor peso: por mantener el derecho a decidir, incluso constitucionalizando la naturaleza plurinacional de España, asegurando el derecho de los gobiernos autonómicos a celebrar consultas sobre su encaje territorial en la misma y, explícitamente, el de Cataluña. Sobre el asunto catalán me he pronunciado en varios de mis trabajos, algunos de ellos publicados en mi blog. ¿Asun, tú crees que Cataluña es una colonia o un pueblo perseguido por el resto de España? ¡No, no, desde luego que no! Pues entonces no se puede hacer un referéndum: no lo permite la Constitución ni lo aprobaría la comunidad internacional ya que el derecho a decidir no lo contempla prácticamente ninguna de las constituciones de los Estados pertenecientes a la ONU. Cuando ya me parecía que estaba convencida, me espetaba: ¡que se vayan!, en política todo es negociable, estoy harta de esta situación. Las cosas no se resuelven así, Asun. ¿A dónde se irían, al limbo? Cataluña pasaría, por largo tiempo, a engrosar el  grupo de importantes y conocidos países que en el pasado reciente decidieron la independencia unilateral, entre ellos, Abjasia, Osetia del Sur, Somalilandia, Transnistria, etc. Todos ellos son Estados fallidos.

            Asun tenía una vida muy dinámica, incluso en ciertas etapas de su enfermedad, preparaba y recibía cursos de formación continuamente y lo hacía sobre muchas cuestiones diferentes. Abrió dos blogs en la red, el primero creo que se titulaba “La Taberna del duende” en el que solo colgó dos artículos -perdió la contraseña y no pudo entrar más-, uno de ellos lo tituló la “Ratonera de Albox”, relatando la odisea que le ocurrió una noche cuando, en compañía de su amiga Nines, no encontraban la carretera que les condujera a Vera; el otro blog –del que no recuerdo su nombre- versaba sobre su enfermedad y trataba de intercambiar información con otras personas que también la padecían. Fundó una asociación sobre mobbing (acoso laboral) que ella misma había padecido en su trabajo en Lorca y se hizo una gran experta en este tema, del que también se encargó en el sindicato al que pertenecía, siendo uno de los primeros que lo implantó en España. Era miembro de otras varias asociaciones, entre ellas la del cáncer, para la que comenzó a ensayar un pase de modelos que se celebrará en Lorca en fecha que desconozco. Llegó a confraternizar muy estrechamente con su oncólogo de la Arrixaca, el doctor J.L. Alonso, lanzándose pullas constantemente en las visitas que realizaba a su consulta (dos días antes de morir asistí a un divertido debate entre los dos a cuenta de la quimio). Planificaba su actividad cotidiana diariamente: ¡venga!, vamos a visualizar qué hacemos hoy y lo anotaba en su agenda. La orientación geográfica no estaba entre sus puntos fuertes: a veces se perdía conduciendo y me llamaba para que, si podía, tratara de resolver el problema. Así era Asun: desbordante.

 

 

 

 



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